El mar del norte ha sufrido cíclicamente devastaciones climáticas que han obligado a los humanos a buscar refugio más al sur y/o a emigrar. Los habitantes de Frisia y Jutlandia, Ambrones de origen ligur-ibericos, Cimbrios y Teutones emigraron hacia el sur por las inundaciones del 1.300 a.C. al que siguió el Mínimo de Homero, llegando estos hasta la zona Hallstatt.

Anteriormente, durante la Edad de Cobre, entre el 3.500 a.C. y el 2.000 a.C., el mar Báltico experimentó un fenómeno geológico drástico conocido como la Transgresión de Littorina. Fue una época de profundos cambios geográficos donde el nivel del mar alcanzó su punto máximo histórico.

En 1634, en las costas de la actual Alemania, Polonia y Dinamarca, el agua alcanzó más de seis metros por encima del nivel del mar en la ciudad de Ribe. Pero los niveles alcanzados en la época Bronce estarían varios metros por encima de este nivel. 

Relacionado con los celtas es la sufrida en la Edad del Bronce, aproximadamente sobre el 1.300 a.C. y el 1.200 a.C., que marcó el inicio de uno de los cambios climáticos más drásticos e investigados de la Antigüedad. Los científicos lo conocen formalmente como el Evento Climático 3.2k (o el evento de hace 3.200 años), y se caracterizó por una mega sequía severa y un enfriamiento repentino en todo el hemisferio norte. Este cambio ambiental, en dos etapas encadenadas, fue el detonante principal del colapso del Bronce Final.

La gran sequía del sur en 1.200 a.C.

Estudios en anillos de árboles fósiles (dendrocronología) y análisis de polen antiguo confirman que las lluvias disminuyeron drásticamente en el Mediterráneo, Oriente Próximo y Europa Central. Esta escasez de agua se prolongó de forma intermitente durante casi tres siglos. Las temperaturas de la superficie marina del Atlántico y el Mediterráneo se enfriaron con rapidez. Al haber menos calor, se evaporó menos agua hacia la atmósfera, lo que provocó que las nubes dejaran de descargar lluvias sobre la tierra cultivable continental.

El efecto dominó generado por la sequía del 1200 a.C. fue el colapso del mundo antiguo. En las regiones más avanzadas de la época (el Mediterráneo oriental), este cambio climático generó una auténtica crisis sistémica. Los imperios hiper-dependientes de la agricultura, como el Imperio Hitita (Anatolia) o los reinos micénicos (Grecia), vieron cómo sus campos se secaban por completo. Tenemos “cartas reales” de la época conservadas en arcilla que muestran peticiones desesperadas de comida, con frases literales como "es una cuestión de vida o muerte".

Sin comida, poblaciones enteras abandonaron sus tierras de origen. Esto desató oleadas de migrantes hambrientos en movimiento, entre ellos los misteriosos "Pueblos del Mar", que atacaron Egipto y destruyeron ciudades comerciales prósperas como Ugarit. Son las crónicas del faraón Ramsés III en Egipto, que describen a los devastadores Pueblos del Mar como coaliciones de guerreros desplazados de sus tierras y que "venían del norte, de sus islas" y cuyos países "habían sido destruidos de golpe por el viento".

Muchos investigadores sostienen que algunas de estas tribus (como los Shardana o los Denyen) pudieron tener contingentes de guerreros procedentes de la Europa Central y del Mar del Norte que iniciaron un éxodo masivo en barcos hacia el sur, huyendo del hambre generalizada y de la destrucción de sus litorales.

 

Formas de vida en el norte

Arqueólogos daneses y alemanes han hallado de forma sistemática en los asentamientos costeros de la Edad del Bronce final y de la Edad del Hierro (la época de los ambrones) restos de anzuelos de hueso, contrapesos de piedra para redes, concheros (acumulaciones de conchas de mariscos) y espinas de pescado (como arenque y bacalao) junto a canoas monóxilas. Esto demuestra científicamente que las comunidades costeras de Jutlandia dependían del mar para subsistir. Sobre algunas piezas cerámicas neolíticas de Dinamarca han señalado la semejanza con los vasos oculados de principios del tercer milenio a. C. de la cultura calcolítica de Los Millares, España (Ebbesen Referencia Ebbesen1979 , 108–9; Recchia-QuiniouReferencia Recchia-Quiniou, Schwarzberg y Becker2017 , 91). Vemos los mismos motivos oculares, generalmente formados como grandes ojos radiados "similares a los de un búho" con líneas radiales y a veces cejas, que se ven en los "ídolos oculados" ibéricos y placas de piedra grabadas, c. 3500-2000 a. C. , algunos de los cuales también muestran ojos radiados, narices, "bigotes" o tatuajes (HurtadoReferencia Hurtado, Quesda, Ramos, Martos y Martínez2008 ; LilliosReferencia Lillios2008 ; ScarreReferencia Scarre e Insoll2017 ). Los oculados son una expresión cultural clásica de la fase final de las culturas neolíticas de Iberia.

(imagen: "oculados" en Dinamarca??)

Ademas de las figuras oculadas también tenemos los ibericos una conexión en la genética del alelo T*13910, esta mutación permite la persistencia de la lactasa, permitiendo así el consumo de leche sin efectos negativos. Henryk W. Witas (en el estudio de 2015) plantea formalmente la vía marítima. Como los datos de Joachim Burger (2007) mostraban un 0% del alelo en las rutas terrestres tradicionales (Danubio y Mediterráneo), Witas buscó una alternativa y propuso la Ruta del Norte. Una vía marítima en barcos partiendo del norte de Iberia, cruzando el Golfo de Vizcaya y el Canal de la Mancha con destino en el Mar del Norte y el Mar Báltico (Dinamarca y Polonia). Tesis que coincide con lo que Avieno nos indica el consumo de leche de los navegantes Ligures y por ende de los Ambrones.

El estudio de Witas destapa un misterio que afectaba directamente a Dinamarca: la Cultura de los Vasos de Embudo (TRB), que habitó Dinamarca y el sur de Suecia hace entre 6.000 y 5.000 años, basaba gran parte de su economía en la ganadería lechera. Witas argumenta que, dado que en Dinamarca ya existía una cultura que "esperaba" y consumía lácteos procesados, en el momento en que la ruta marítima introdujo el alelo (T*13910) desde el suroeste europeo, la selección natural lo impulsó con fuerza debido a las duras condiciones climáticas del norte.

Efecto de Inundación en el norte y los Campos de Urnas

Mientras el Mediterráneo se secaba, en Europa Central y en el Mar del Norte (Jutlandia) el impacto del cambio climático del 1200 a.C. operó a la inversa de lo que ocurrió en el Mediterráneo. Mientras el sur de Europa sufría una sequía extrema, el norte de Europa experimentó un enfriamiento húmedo y un aumento violento de tormentas marítimas.

Las lluvias torrenciales constantes en Jutlandia pudrieron los cultivos de cereales y convirtieron los campos de pastoreo estables en ciénagas intransitables. Se multiplicaron las tormentas extremas en el Mar del Norte. Las marejadas ciclónicas golpearon la plana y desprotegida costa occidental de Jutlandia, tragándose kilómetros de tierras bajas habitadas y salinizando los acuíferos de agua dulce.

Este desajuste empujó a las comunidades enteras del Mar del Norte (más de 300.000 personas) a moverse e interactuar intensamente con las regiones vecinas para redistribuir recursos y buscar nuevas zonas de subsistencia. Por lo tanto, la fecha del 1200 a.C. es sinónimo de un apocalipsis climático y social, que barrió del mapa a las superpotencias de la Edad de Bronce y sumergió a Europa y Oriente en una larga Edad Oscura antes del nacimiento de la Edad de Hierro.

Es en ese contexto cuando aparecen los primeros Campos de Urnas (Bronce Medio-Final). El rito de incinerar a los muertos y enterrar las cenizas en urnas cerámicas comenzó hacia el 1300 a.C. - 1200 a.C. surge de la necesidad logística de transportar a los familiares difuntos. Transportar las cenizas de los familiares o guerreros caídos dentro de una pequeña vasija de cerámica era infinitamente más sencillo y digno que intentar trasladar un cadáver en descomposición de vuelta al asentamiento de origen. Existen pruebas científicas rotundas que demuestran que las cenizas y los restos humanos quemados eran transportados a largas distancias antes de ser enterrados en las necrópolis.

En definitiva, la cremación y los Campos de Urnas nacieron como una respuesta cultural adaptativa. El fuego purifica y protege el cuerpo de los enemigos, además de resolver un problema logístico y de espacio en una Europa cada vez más poblada o necesitada de tierra de cultivo. Su principal foco de origen (o destino) fue el valle del Danubio y Europa Central. Los campos de urnas de Dinamarca presentan firmas de estroncio de regiones situadas a cientos de kilómetros de distancia. Esto demuestra que esas personas murieron y fueron cremadas en otra región, y sus restos viajaron empaquetados hasta su lugar de descanso final.

 

El colapso climático del Bronce Final.

Alrededor del año 850 a.C., el norte de Europa sufrió otro segundo cambio climático severo y repentino. Ocurrió un fenómeno solar conocido como el Mínimo de Homero (una caída persistente y profundo en la actividad del sol) que duro aproximadamente desde 800 al 600 a. C.. Se considera parte de un mínimo solar más largo, el "Hallstattzeit", entre 705 y 200 a. C. Menor actividad solar significa que entran más rayos cósmicos a la Tierra, lo que genera un pico masivo de producción de Carbono14 en la atmósfera. Al datar las plantas muertas de esa época en las turberas, los científicos encuentran un "pico" idéntico a nivel global exacto a la fecha de inicio de las lluvias y el frío en torno al 850-800 a.C. Los anillos de crecimiento de los árboles dependen del clima. En el 850 a.C., los anillos se vuelven extremadamente estrechos de golpe. Un anillo estrecho en el norte de Europa significa que el verano fue tan corto, gélido y nublado que el árbol apenas tuvo días de sol para crecer. Los árboles de toda Europa Central muestran este patrón de "estrés por frío" comenzando exactamente en esa horquilla temporal. En Dinamarca y Alemania, los científicos ven que el polen de robles y tilos (propios del Periodo Subboreal cálido) desaparece de forma drástica en las capas de este siglo siendo sustituidos por polen de haya (Fagus sylvatica).

En el sur, el Mínimo de Homero fue todo lo contrario, en parte sur de la Península Ibérica esa es una fase climática húmeda, fresco con fértiles lluvias y que propulsó la riqueza agrícola de Tartessos a partir del 850 a.C. poniendo fin a siglos de extrema aridez. Los niveles de agua de los lagos y acuíferos andaluces subieron de forma espectacular. El cambio solar empujó la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) hacia su fase negativa y esto hizo que las borrascas atlánticas entraran directamente por el golfo de Cádiz, regando con abundancia los valles del Guadalquivir y el Guadalete.

El Periodo Subboreal con picos de altas temperaturas y bajas temperaturas. (Altas en el 1200 a.C. y Bajas en el 850 y 450 a.C.)

En el mar del Norte, se pasó de una etapa cálida y óptima a un clima marcadamente más frío, húmedo y tormentoso que, con un ligero repunte cálido termino con otro golpe frio mayor. Es este golpe climático del Bronce Final (850 a.C.) el que forzó las masivas migraciones terrestres que los druidas cantarían después en sus leyendas. La famosa tradición oral celta recogida por los historiadores romanos relata un cambio climático real en el Mar del Norte a finales de la Edad de Bronce e inicios de la Edad de Hierro.

El historiador romano Amiano Marcelino (citando escritos perdidos del historiador griego Timágenes) relató que los druidas galos conservaban en su memoria que “una parte de la población de la Galia no era nativa”, sino que había inmigrado desde "islas remotas y tierras más allá del Rin" (Jutlandia/Escandinavia) tras haber sido expulsados de sus hogares por "frecuentes inundaciones y el avance violento del mar".

Como hemos visto, la ciencia y la arqueología modernas confirman que los druidas tenían razón, y se vera reflejado en la genética.

La gran migración hacia el sur (La cultura Jastorf y los proto-celtas)

Sin tierras cultivables, oleadas de poblaciones germanas (pre-celtas) primitivas abandonaron Jutlandia en un éxodo continuo hacia el sur (Alemania central, el Rin y las fronteras de la Galia celta). Cuando estas poblaciones norteñas llegaron hambrientas al territorio galo/celta, unas veces se integraron pacíficamente compartiendo tecnologías y otras combatieron por el territorio.

Los arqueólogos dicen que a finales del Bronce Final muchas aldeas de Jutlandia fueron abandonadas repentinamente (periodo pre-romano, hacia el 500 a.C.). Regiones enteras del litoral occidental danés se quedan literalmente en blanco. Las excavaciones modernas demuestran que el suelo agrícola fue devorado por las dunas móviles y los pantanos debido al cambio climático. Al mismo tiempo, en el centro de Europa aparecen de golpe nuevos tipos de tumbas (Campos de Urnas) pero con influencias del norte.

Lo que ocurre en torno al año 850 a.C. - 800 a.C. es que el colapso climático y el contacto estrecho debido a las migraciones venían provocando desde el 1200 a.C., que el rito de la cremación para transporte de los restos a los Campos de Urnas fuera adoptado de forma masiva también en el norte de Alemania y Jutlandia.

(arriba imagen enterramientos Hallstatt A1, mixtos: inhumación e incineración)

Los arqueólogos diseñan mapas específicos rastreando objetos cotidianos. Y uno de estos objetos son las agujas de bronce y hierro con un diseño exclusivo de Jutlandia, que al mapear los hallazgos se empieza a ver como aparecen en grandes cantidades fuera de Dinamarca; en el centro de Alemania, Polonia e incluso bajando hacia los límites de la Europa céltica. Es el rastro físico de la ropa que llevaban los migrantes del norte al abandonar sus hogares inundados.

Este patrón climático de Jutlandia se repite cada cierto tiempo, y siglos más tarde, ya en plena Edad de Hierro (hacia el 120 a.C.), con la famosa Inundación Cimbria (Cimbrian Flood). El Mar del Norte volvió a devorar la península, obligando a las tribus de los cimbrios y teutones a marchar hacia el sur, llegando a invadir la República Romana en las llamadas Guerras Cimbrias.

Hoy en día, Tel es el “pilar de inundaciones” en Ribe, sobre el cual se marcan con bandas de cobre los niveles máximos históricamente conocidos. En 1634, el agua de la ciudad de Ribe alcanzó más de seis metros por encima del nivel del mar.

(foto “pilar de inundaciones” en Ribe)

Ambrones, Ligures en la Frisia.

Los ambrones vivían exactamente en esa misma zona costera del Mar del Norte. Los romanos no tenían claro su origen exacto. Ocupaban la costa suroeste de Jutlandia y las islas Frisias del Norte. Al vivir en islas barrera y litorales extremadamente bajos, sufrieron en primera línea el inicio de las tormentas ciclónicas del Periodo Subatlántico. Sus aldeas eran vulnerables a cualquier subida violenta del nivel del mar.

Aunque integrados en el área del Mar del Norte los historiadores debaten su origen étnico. El segmento inicial Amb- (presente en Ambrones) paso a ser típicamente celta. NO significa "alrededor de" o "a ambos lados de", es un hidrónimo (-AM-) y presente tribus ligures como los Ambarri o los Ambiati.

Existe una teoría lingüística llamada la hipótesis del Nordwestblock (Bloque del Noroeste). Esta teoría propone que en las costas que van desde los Países Bajos hasta el río Elba (el hogar de los ambrones) existió una tercera familia de lenguas indoeuropeas totalmente independiente. No era celta pues no compartían los sufijos y las raíces de los ríos de la Galia, ni era germana por la evolución de P. Kuhn detectó raíces fluviales basadas en la fonética "Ambl-" o "Ambr-" en la zona norte, que según su teoría Nordwestblock, estas palabras significaban simplemente "agua en movimiento" en una lengua extinguida y desconocida.

Adolf Schulten defendió que los lígures e íberos eran pueblos hermanos de origen pre-indoeuropeo (emparentados incluso con los vascos actuales). Argumentaba que antes de las migraciones celtas del 1200 a.C., este pueblo ocupaba una franja masiva en Europa occidental. Para Schulten, los ambrones de Jutlandia eran simplemente la rama norte de esos lígures ibéricos primitivos que habían quedado aislados en el Mar del Norte tras las invasiones pre-celtas. Probablemente fueran un pueblo pescador, marinero, que eran capaces de digerir leche de vaca o yegua, y sobre todo exportadores del ámbar.

En los versos 130-135 de su Ora Maritima, Avieno describe las costas septentrionales de Europa basándose en navegantes antiguos. El texto dice literalmente:

«...se llega a la tierra de los ligures, vacía de habitantes, ya que fueron evacuados tiempo ha por obra de los celtas y por las frecuentes guerras».

 

Llegada al sur de Alemania.

Los ambrones (Ambron), cimbrios (Kimber) y teutones (Teuton) se vieron obligados a huir hacia el sur varias veces por culpa de la devastación climática en el mar del norte.

Tuvieron que migar cíclicamente, en el 1200, en el 850 y en el 120 a.C., “inundando” de nuevas gentes los poblados post-neoliticos del sur de Alemania, dejando marca en el inicio de las primeras épocas Hallstatt A1 (1200>1125 a.C.) hasta las más tardías Hallstatt B3 (925>800 a.C.) y Hallstatt D (650>480 a.C.) donde la situación demográfica se hizo insostenible y comenzaron las “migraciones celticas”.

Amiano Marcelino (Res Gestae,15, 9, 4) escribe en el siglo IV d. C. citando escritos de Posidonio de Apamea (c.135 - 51 a.C.), de que los Celtas vinieron del mar del Norte:

"Los druidas recuerdan que una parte de la población de la Galia era indígena, pero que otros llegaron de islas lejanas y de las tierras más allá del Rin, expulsados de sus hogares por guerras frecuentes y por las inundaciones de un mar tempestuoso".

Estrabón (quien también leyó a Posidonio) confirma que los cimbrios huyeron de sus tierras debido a una gigantesca inundación del Mar del Norte (Cimbrica cherchonesus) que tragó sus costas. En su huida hacia el sur, los cimbrios empujaron o arrastraron a tribus vecinas a modo de piezas de domino. Los druidas recordaban este cataclismo marítimo como el causante de que muchos grupos norteños bajaran a asentarse definitivamente en la Galia. La costa de Frisia debió ser ocupada por los “celtas del norte” en el siglo VII, empujando a los ligures (ambrones) a migrar hacia los Alpes y el norte de Italia. Estrabón tambien señaló que los ligures que vivían en los Alpes eran un pueblo distinto de los celtas, aunque compartían similitudes culturales, y afirma que:

 

“muchas tribus (éthnê) ocupan estas montañas (Alpes), todos ellos celtas (keltikà), excepto los ligures; pero, aunque estos ligures pertenecen a un pueblo diferente (hetero-ethneis), aun así, son similares a los celtas en su modo de vida (bíois)”. Geōgraphiká , 2.5.28.

 

El desarrollo demográfico de la cultura de Hallstatt se divide en dos grandes oleadas de crecimiento con características muy diferentes y coinciden con estas catástrofes climáticas en el mar del norte.

El primer gran pico es el Hallstatt A (1200–1000 a.C.). Durante este siglo se produjo un aumento significativo de los asentamientos y de la densidad de población en regiones clave de Europa Central. Este rápido aumento de habitantes generó dificultades socioeconómicas locales. Hubo una disminución relativa en el rendimiento de los cultivos y una creciente competencia por tierras fértiles y materias primas.

 

La explosión demográfica definitiva y la proto-urbanización es durante Hallstatt D (600–450 a.C.). La población no solo aumentó en número absoluto, sino que se concentró masivamente alrededor de las llamadas "sedes principescas" o ciudadelas fortificadas (como el famoso asentamiento de Heuneburg en Alemania o Vix en Francia). Los suburbios exteriores, fuera de estos fuertes albergaban aglomeraciones humanas sin precedentes, de miles de habitantes, dedicados a la artesanía a gran escala. Y protegidos por imponentes murallas están las elites, murallas pensadas no para defensa de un ataque externo sino más bien para ejercer un control interno de la población cincundante.

Este crecimiento en Hallstatt D fue tan drástico que acabó tensionando el territorio. Hacia el año 450 a.C., la combinación del agotamiento de los recursos locales, hambrunas, tensiones internas, y probablemente cambios en las rutas comerciales, provocó el declive de estos centros y la huida de las elites dando paso a la cultura de La Tène. En resumen, la superpoblación y crisis de Hallstatt D exploto y dispersó a los celtas hallstatt por toda Europa.

Sin elites dominantes y sin estructura social comenzó un periodo de ruralización del espacio en los asentamientos centroeuropeos, dejando de existir las ciudadelas principescas y formandose los oppidas. Es el periodo de La Tène (Segunda Edad del Hierro, aprox. 450 - 50 a.C.), con un aumento demográfico, cambios sociales y la presión económica hicieron que el modelo residencial principesca colapsara. Fue en este momento cuando emergieron los oppida, que funcionaban como grandes centros urbanos, económicos, artesanales y defensivos del mundo céltico prehistórico

Imagen arriba: Pyrene (Heunenburg) 

Aristocracia celta guerrera

La sociedad de Hallstatt estaba dominada por élites y jefes guerreros que controlaban las rutas comerciales terrestres y fluviales entre el mar Báltico y el Mediterráneo.

En yacimientos fortificados de esta cultura, los análisis biogeoquímicos detectan perfiles de guerreros y jinetes NO LOCALES. 

La famosa estatua celta del Príncipe de Glauberg (siglo V a. C.) muestra a un gobernante con una armadura rígida etrusca/itálica. O cardiophylax Ibérico que se componía de un disco metálico delantero (para el pecho) y, con frecuencia, otro trasero (para la espalda), sostenido firmemente mediante un sistema de correas de cuero cruzadas.

En cementerios de transición en el suroeste de Alemania (asociados a la misma cultura), hasta un 30% o 32% de los individuos analizados resultaron ser foráneos. Esto sugiere la existencia de "sociedades guerreras" o, ¿eran mercenarios itinerantes que se desplazaban para servir a diferentes líderes locales? Una de las sorpresas más fascinantes de la paleogenómica moderna es la estrecha e inesperada conexión entre las élites centroeuropeas de Hallstatt y la península ibérica.

Un macro-estudio internacional publicado en la prestigiosa revista Nature analizó el ADN de los enterramientos principescos más ricos de Hallstatt en Alemania y el sur de Europa. Los resultados moleculares cambiaron por completo lo que sabíamos sobre ellos y da un poco de luz sobre las migraciones de la Edad del Hierro.

 

Pero explica bien algunas características “exóticas” de la cultura material celta incompensable hasta ahora. Por ejemplo, la primera muralla de la ciudad de Pyrene (Heunenburg) realizada, en época tardía, con adobes sobre cimientos de piedra y pintada con cal blanca y contrafuertes como las murallas iberas o griegas (duración estimada 50 años). Las herramientas de los canteros, cinceles y picos, aparecidas en hallstatt son tipo etrusco, o la vestimenta que aparece en sus estatuas es de estilo ibero y griego.

Primera muralla fallida en Pyrene (Heunenburg), de ADOBES que duró 50 años.

Una ancestría compartida con los íberos

Al secuenciar el genoma de estas élites guerreras y gobernantes centroeuropeos, los científicos descubrieron que su ancestría genética basal estaba compartida a gran escala con las poblaciones de la península ibérica. (https://www.nature.com/articles/s41562-024-01888-7)

A diferencia de los europeos modernos del norte (como los escandinavos actuales), estos guerreros de Hallstatt tenían un marcado incremento de componentes genéticos de agricultores neolíticos mediterráneos. El mapa de su ADN muestra un "desplazamiento genético" (un shift) que los acerca directamente a los perfiles genéticos de los íberos de la Edad del Hierro y de los ancestros de los vascos modernos.

El genetista Dr David K. Faux estudio referencias históricas, datos lingüísticos y arqueológicos para vincular los pueblos celtas Hallstatt y LaTene de Europa Central con un marcador de cromosoma Y, el R1b-U152, conectado con el refugio glaciar franco-cantábrico. 

El misterio del Haplogrupo G2a

Mientras que la mayoría de los europeos del norte heredaron el linaje paterno R1b, los análisis de las élites de Hallstatt revelaron una fuerte presencia del haplogrupo del cromosoma Y llamado G2a-L497.

Este linaje paterno específico está directamente ligado a los primeros agricultores europeos que se asentaron en el sur del continente (mediterráneos) y que sobrevivieron con fuerza en zonas montañosas y aisladas de la península ibérica. Los guerreros que portaban este marcador genético mostraron un porcentaje de ancestría del sur de Europa drásticamente mayor que sus compañeros con linajes R1b.

 

¿Eran las elites celtas o íberos?

Culturalmente, estas élites eran plenamente Hallstatt (proto-celtas). Sin embargo, genéticamente este concepto de "celta" en la Edad del Hierro era mucho más mestizo y mediterráneo de lo que tradicionalmente la arqueología del siglo XX ha asumido.

Este componente genético compartido con Iberia se mantuvo con fuerza durante todo el apogeo de Hallstatt y comenzó a declinar y diluirse solo después del año 450 a. C. (ver image del estudio genético), cuando el foco cultural cambió hacia la siguiente etapa de la Edad del Hierro (la cultura de La Tène).

La imagen de arriba es clara: un dominio del componente ibérico occidental (CWE) en el Bronce final e inicio del Hierro y su casi desaparición en el cambio de era. Sustituidos por gentes del Mar del Norte (CNE) y los Escandinavos (NOR).

 

Migraciones celtas

Algunos celtas fijarían sus ojos en territorios del este, instalándose en los Cárpatos en la antigua Yugoslavia, Hungría, Rumania y Bulgaria, y hasta Ucrania. Se dice que los celtas saquearon el santuario griego de Delfos en 279 a. C. y se establecieron en nuevos territorios en el sureste, particularmente en Anatolia (cerca estaría la Iberia del Oriente). Algunos miembros del grupo anatolio volvieron sobre sus pasos para ocupar su antiguo hogar territorio y expandirse a nuevas regiones en el oeste cerca del Mar Mediterráneo, y al norte en las zonas belgas. Otros grupos se establecieron en zonas al oeste europeo como España, al norte en Escandinavia.

El movimiento de personas hallstatt hacia el extremo occidental de Europa no funcionó como una invasión militar masiva, sino como una infiltración paulatina, un goteo de influencias. Influencia centroeuropea desde los siglos VIII - VI a.C.

 

Celtiberos

Durante las fases finales de los Campos de Urnas y el auge de Hallstatt, pequeños contingentes de población indoeuropea cruzaron los Pirineos. Se instalaron principalmente en la Meseta Norte y en el Sistema Ibérico (zonas de las actuales Soria, Guadalajara, Teruel, Zaragoza y Burgos).

Las comunidades locales del interior peninsular sufrieron una profunda transformación a partir del siglo VI a.C. Elementos de raíz celta (idioma indoeuropeo, religión, organización social en clanes) se mezclaron con la base indígena local y con las fuertes influencias de los iberos (los pueblos del levante y sur peninsular), de quienes tomaron, por ejemplo, el armamento avanzado o la tecnología del torno alfarero.

Historiadores romanos y griegos (como Polibio o Diodoro Sículo) son quienes acuñaron el término "celtíberos" para describir a estos pueblos que tenían las costumbres guerreras de los celtas pero que habitaban en la Iberia geográfica. Trajeron consigo la tecnología del hierro y elementos estéticos centroeuropeos.

La incineración de los muertos y depósito de las urnas en necrópolis, en iberia es anterior. Este rito funerario llegó aproximadamente en el 900 a. C., como hemos dicho, fue adoptado como consecuencia del golpe climático en el Mar del Norte y la necesidad de transporte de los restos de familiares fallecidos en origen o en tránsito. Grupos pertenecientes a la Cultura de los Campos de Urnas cruzaron los Pirineos orientales, y no se trató de una invasión militar destructiva, sino de un “goteo” de migración constante de familias que buscaban nuevas tierras.

imagen arriba: Las culturas arqueológicas de Hallstatt (c. 800-450 a. C.) y La Tène (c. 450-50 a. C.) se extendieron por la mayor parte de Europa occidental y central. 

Cabe destacar que Irlanda, Escocia y Gales, donde aún se conservan lenguas celtas, se encontraban en la periferia de esta expansión cultural, no en su núcleo. El centro de esta expansión se ubicaba en Europa central (este de Francia, Suiza, sur de Alemania y Austria).

 

¿Es el mismo ADN de los Campos de Urnas de Hallstatt?

Los celtíberos no portaban el ADN de los Campos de Urnas centroeuropeos. El componente genético compartido con Iberia de las elites hallstaticas comenzó a desaparecer y diluirse en Centroeuropa a la misma vez que en iberia surgía la cultura celtibérica.

Algunas elites de hallstatt abandonarían sus centros de poder y viajaron de retorno a Iberia en lo que después llamaron los geógrafos greco-romanos una “expedición celta”. Si vemos la paleogenetica, más bien fue una “repatriación”, que dio origen a los celtíberos en el centro y norte de la península.

Este puede ser el motivo por el cual los genetistas (como Lalueza-Fox, etc) no encuentran explicación o diferencias de rastros genéticos intermedios en su entrada a la península. ¿Son antiguos parientes o herederos de ibéricos?.

Esta conexión genética de "ida y vuelta" está respaldada por estudios genómicos clave, destacando el publicado por Iñigo Olalde en 2023 titulado "Estudio del origen ancestral de los celtíberos con datos paleogenómicos", sus conclusiones en este estudio aclaran la relación genética exacta entre celtíberos e íberos: Los celtíberos comparten el mismo mapa genético base que los demás pueblos de la Edad del Hierro en la península ibérica (son como los íberos y vascos). Son una continuación de la población local de la Edad del Bronce con adopción de la cultura celta.

Estos estudios de paleogenética han demostrado que la identidad "celtíbera" fue un fenómeno puramente cultural y lingüístico, no una raza biológica separada. Físicamente, un íbero de Valencia y un celtíbero de Soria eran genéticamente casi idénticos.

Este "viaje de vuelta" del ADN ibérico centroeuropeo, al mezclarse con las poblaciones locales que ya habitaban la península, moduló y dio forma a los celtíberos en la zona centro-oriental e indirectamente a otros pueblos de Hispania (como vacceos, vettones o lusitanos). Esto se debe a que celtiberos recibieron un "segundo pulso" en la Edad del Hierro y que los íberos de la costa levantina apenas experimentaron, al quedar estos últimos más al margen de las rutas de penetración centroeuropea.

Celtíberos e íberos comparten el grueso de su ADN, por lo que no eran "dos razas" completamente separadas, sino poblaciones fuertemente emparentadas. En términos generales de composición autosómica, los celtíberos no se diferencian radicalmente de los íberos y vascos de manera que parezcan poblaciones procedentes de mundos biológicos distintos; la herencia común del Calcolítico y del Bronce local predomina en ellos. 

 

La realidad genética

La cultura celta se extendió a través de redes de élite, el comercio y la adopción cultural, sin reemplazar a las poblaciones locales. Los fundamentos genéticos de Gran Bretaña e Irlanda se establecieron en la Edad del Bronce.  Existe el mito de que el "ADN celta" se extendió desde Europa central a Gran Bretaña, Irlanda e Iberia a través de movimientos migratorios masivos durante la Edad del Hierro, pero ES FALSO.

 


Bibliografia:

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