Este escudo que vemos en el barrio de Larrea en Amorebieta es “BASTARDO” y creo que pertenece a una mujer que no se encuentra referenciada en ese monolito.
Evolución e Innovación del Blasón de los Larrea
El patrimonio heráldico vinculado al linaje de Larrea en la antigua anteiglesia de Etxano (Bizkaia) presenta una notable dicotomía cronológica. Las fuentes documentales tempranas, específicamente el Tomo primero de la Historia General Española y Sumaria de la Casa de Vizcaya (obra encuadrada entre los años 1580 y 1620 y atribuida al escribano real de la merindad de Zornotza, Juan Íñiguez de Ibargüen), testifican que las armas primitivas de este solar consistían en una cruz de oro cantonada de cuatro estrellas del mismo metal.

(imagen: escudo de los Larrea de Etxano)
No obstante, las evidencias materiales que han pervivido hasta la contemporaneidad muestran una modificación sustancial del blasón: un árbol de sinople acompañado de cinco panelas de gules dispuestas en sotuer (cuatro en los flancos y una escusada sobre el tronco). Es altamente probable que esta transmutación heráldica de la Casa-Torre de Amorebieta-Etxano se encuentre directamente ligada a la figura del jurista Juan Bautista de Larrea, cuya procedencia patrilineal no arraigaba en el solar de Etxano, sino en la localidad alavesa de Argómaniz.

(imagen: escudo de los Larrea de Argomaniz)
Codificación del Timbre y Restricciones de la Cancillería Imperial
En la ciencia heráldica, la representación del logro o dignidad se manifiesta a través del timbre, específicamente mediante el casco o yelmo dispuesto sobre el jefe del escudo. La tipología de esta pieza armera varía estrictamente en función del rango, el estatus social y la condición jurídica del titular, regulándose mediante tres variables: su orientación espacial (de frente, de perfil o de sesgo), el grado de apertura de la visera (abierta, entreabierta o cerrada) y el número de rejillas o varillas que presenta.
Por norma general, la práctica armera dictamina que los yelmos legítimos se orientan en posición dextrada (mirando hacia la diestra del escudo, equivalente a la izquierda del espectador). La única excepción a esta regla la constituyen los cascos de condición siniestrada (orientados hacia la siniestra), los cuales codifican heráldicamente la condición de bastardía o de discontinuidad en el linaje directo del solar, presentándose habitualmente con la visera entreabierta y exentos de rejillas.

(imagen: escudo bastardo)
Adicionalmente, la evolución de los torneos militares (donde las justas de lanza fueron sustituidas por combates de maza orientados a derribar la cimera del oponente) propició que el casco medieval ciego evolucionara hacia modelos con mayor apertura visual o provistos de varillas protectoras. La Cancillería Imperial de Viena restringió legalmente el uso de estos cascos borrados o con rejillas a la alta nobleza y a determinados estamentos profesionales de prestigio, específicamente a los Doctores en Derecho o en Teología. Por el contrario, la nobleza menor, los escuderos, los hidalgos y los estamentos burgueses debieron adoptar por defecto el yelmo de visera completamente cerrada, propio de las justas tradicionales.

La Atribución del Yelmo Siniestrado y las Tres Rejillas
El ejemplar heráldico que se conserva en el barrio de Larrea exhibe una configuración singular: se trata de un yelmo siniestrado (propio de la bastardía o advenimiento colateral al linaje), con la visera cerrada pero dotado de tres rejillas o barrotes.
Esta aparente contradicción formal halla una explicación plausible en la biografía y méritos académicos de Juan Bautista de Larrea. Al haberse graduado y doctorado in utroque iure (es decir, en ambos derechos, civil y canónico) ostentaba la doble condición de Doctor en Derecho y Teología. Consecuentemente, sus prerrogativas académicas le conferían el derecho legal a timbrar sus armas con un yelmo de tres barras, elemento reservado a las dignidades doctorales por la normativa imperial.
Por su parte, la naturaleza "bastarda" o siniestrada del yelmo se habría ejecutado con el propósito explícito de señalar que su portador no pertenecía a la línea de descendencia directa y agnaticia de la casa-torre de Etxano. Esta práctica es constatable en otros complejos arquitectónicos históricos donde coexisten dos blasones diferenciados y donde uno de los cónyuges (sea el señor o la señora de la casa) timbra sus armas con un yelmo siniestrado para indicar su procedencia externa al tronco principal.

(imagenes: torre de Larrea)

Hipótesis de Titularidad: Doña Clara de Larrea y Datación Cronológica
A partir de los datos genealógicos del solar, se constata que Francisco de Larrea e Ibarra sí era originario de la casa de Etxano. Este contrajo nupcias con Clara de Larrea y López de Gauna, hija de Juan Bautista de Larrea y natural de Argómaniz. De este matrimonio nació Juan de Larrea y Larrea, figura central del monumento conmemorativo local.

Bajo estas premisas, adquiere una sólida fundamentación la hipótesis de que el escudo examinado perteneciera, en realidad, a Doña Clara de Larrea. Al proceder de la rama de Argómaniz y no de la de Etxano, la normativa heráldica impedía la colocación de sus armas familiares en el nuevo palacio vizcaíno si no era mediante la inclusión de un yelmo siniestrado ("bastardo") que advirtiera dicha alteración sucesoria. Esta tesis se refuerza al contrastar este relieve con el escudo primitivo de los Larrea en la casa matriz de Argómaniz: ambos blasones son idénticos en sus piezas, pero en el solar alavés el yelmo figura correctamente dextrado, confirmando su legitimidad y pertenencia originaria a dicho territorio.
En lo relativo a su cronología, la pieza debe datarse con anterioridad al año 1640, periodo previo a la incorporación definitiva de Juan Bautista de Larrea a los órganos de la corte real de Madrid. De haberse esculpido con posterioridad a su encumbramiento cortesano, el escudo exhibiría con alta probabilidad una corona de dignidad en sustitución del yelmo, tal y como se observa en el blasón que preside la fachada de la iglesia conventual contigua.

(imagen: escudo de la iglesia de Larrea)
Consideración Crítica sobre el Programa Iconográfico del Monumento
Una lectura crítica e interdisciplinar del monumento erigido en honor al linaje de los Larrea revela una notable asimetría en su programa iconográfico. Mientras que el flanco derecho concede una visibilidad explícita y preeminente a una figura femenina de la familia, Doña Teresa Francisca Mudarra y Herrera, se constata la total ausencia de una efigie dedicada a Doña Clara de Larrea y López de Gauna, madre de Juan de Larrea y Larrea.
Desde una perspectiva sociohistórica y patrimonial, la omisión de Clara de Larrea resulta injustificada, toda vez que su aportación y el vínculo dinástico que representaba constituyeron la condición de posibilidad indispensable para la articulación de todo el complejo palaciego: la propia existencia del escudo analizado, la configuración urbanística del parque actual y la fundación de la Iglesia de San Juan Bautista junto al convento de los Padres Carmelitas descalzos. “Sin ella todo esto, este escudo, este parque o esta iglesia a San Juan y su convento carmelita no hubiera sido posible”.